Entradas

Este es mi café

Afuera nevaba ligeramente. Los copos parecían plumas que caían vacilantes, como si intentaran no tocar el suelo jamás. Escuchaba mis pisadas en la nieve acumulada, sintiéndolas bajo mis pies como pequeñas colinas resbaladizas que crepitaban a cada paso. Mis dedos parecían barritas de hierro: congeladas, frías, inertes, y mi nariz, aletargada y enrojecida por el frío, no dejaba pasar el aire cortante. No tenía rostro, sino un témpano de hielo, una pista congelada y dura por la que resbalaba una lágrima que mi ojo derecho dejó escapar sin mi permiso. Supe que caía tras ver su reflejo en el gran ventanal de la cafetería que tenía ante mí. Presioné el pomo gélido de la puerta anhelando calor, y asomé tímidamente mi ya recuperada cara, que parecía caer al suelo derretida por la calefacción que comenzaba a penetrar en mí. Miré alrededor y maldije para mis adentros al no encontrar ninguna mesa libre. Miré de nuevo para asegurarme de que estaba en lo cierto, no era muy amiga de compartir mesa ...

La orquídea

No podía aguantar la presión del ambiente. Una espesa capa de vapor denso se cernía sobre mi pecho, ahogándome y hundiéndome aún más en la hondonada que mi cuerpo llevaba esculpiendo en mi sofá desde hacía tiempo. Siete meses, más de doscientos días y noches llevaba postrada en el lado izquierdo de ese capricho de terciopelo verde del que me enamoré nada más ver. No fue ninguna ganga, solo un autoregalo que me prometí si aprobaba la oposición. Y la aprobé, vaya si lo hice.  Aproveché un viaje al baño para darme cuenta de que la autocomplacencia no me llevaría a ningún lado. No puedo seguir así, me dije, y decidí romper con las rutinas autodestructivas que me alimentaban el alma. Me miré al espejo, lloré, golpeé con un puño la encimera de mármol de mi lavabo y comencé a deshacerme de todo aquello que me recordara a esos doscientos y pico días de bajón.  Comencé por el baño, por los jabones y geles de marcas blancas que no soportaba usar. Todo fue arrojado a una bolsa que encont...

Curso de cocina Thai

Todavía en la sala de entrenamiento, distraída con el hilo de sudor que recorre la parte interna de su bíceps, Ángela se resiste a terminar ese viaje a ninguna parte que la ha mantenido absorta, ensimismada, como en otra dimensión, durante los últimos cuarenta y cinco minutos. Exhala rítmicamente, mira hacia abajo con los ojos entornados por el sudor salado y abre las compuertas de otros afluentes de sudor que circulan por todo su cuerpo. Finalmente para. Deja de pedalear sin abandonar la bici que la ha sostenido durante un agónico entrenamiento que, en ruta real, la habría transportado hasta Alcalá. No entiende por qué no mueve un músculo. No comprende por qué es incapaz de salir de esa sala pestilente, suma de alientos ajenos y hedores profundos, que no la deja marchar. Pero marcha, con mucho esfuerzo, marcha. No sabe en qué momento ha llegado casi a casa, y se pregunta cómo ha llegado hasta allí, a esa vieja farola que se planta ante ella y la mira desde el infinito con desafío mien...

Kensington Hall: Capítulo 8:”Un viernes cualquiera”

  El semestre había arrancado a pleno gas y la vida transcurría sin sorpresas: clases de lunes a viernes, entrenamientos cuatro días a la semana, comer, dormir, estudiar, entrenar y, al menos una vez a la semana, salir a tomar algo con Eric. Solía estudiar después del almuerzo, generalmente un par de horas. Por las tardes entrenaba. En su tarde libre paseaba, iba al cine o leía un rato, y tas el entrenamiento, o el paseo o la película, hacía algunas compras o aprovechaba para visitar a Eric en el bar. Tan solo un par de semanas bastaron para que las rutinas se asentaran con fuerza, y pronto fue absorbido por el más profundo aburrimiento. Aparte de Eric, no tenía vida social.  Se acordaba del pueblo, de Madrid, de sus amigos y amigas de España. Echaba de menos a su exnovia, Elena, y hasta se preguntaba qué le hizo romper con ella. Después de todo se llevaban bien, compartían muchas cosas, y apenas discutían. Su vida se le hacía bola: no compartía nada con Ben, Gael, su úni...