Lucía y la cámara olvidada -Capítulo 8 “Un día de lluvia”-
T ras salir del hospital, ya más calmadas, Lucía y su abuela regresaron a casa. Fue un camino de vuelta silencioso, aunque relajado, de esos que sabes que estás con la persona correcta, que hay confianza y que no hay necesidad de forzar las palabras. Lucía no podía permitirse otro revés. Mejor dicho, quizás sí que era capaz, pues superar el dolor producido por la muerte de unos padres no es comparable con nada, pero su corazón parecía de repente frágil y pequeño y se había reducido a su mínima expresión. Ya en el umbral de la puerta, mientras Magda giraba la llave de la entrada a casa, esta anunció a su nieta cómo se resolverían los próximos días. —Esta noche tengo que volver al hospital para cuidar del abuelo, así que tendrás que pasar la noche con Mario y Alicia, ¿te parece bien? —Lo hizo de manera autómata, como sin fuerzas, concentrándose en en el simple acto de abrir la puerta y en no sonar demasiado preocupada. Lucía permaneció en silenc...