Kensington Hall -Capítulo 1 “¿Un funeral?”
El ambiente era triste, pero alegre al mismo tiempo. Su abuelo solía decir que lo bueno de los entierros, a pesar de la tristeza, era que conseguían reunir a gente con la que no tratabas desde hacía tiempo. «En algunos pueblos —afirmaba— antiguos compañeros de pupitre se asomaban a tu funeral aunque hubieran pasado cincuenta años desde la última vez que los viste». Esa, para él, era la ironía de la muerte, una ceremonia de saludos y de despedidas que convergen al mismo tiempo y donde el protagonista es el ausente. Pablo lo sentía así. Para él esa fiesta, su fiesta, era como asistir a su propio funeral, solo que él no solo era el anfitrión, sino también el homenajeado. Esa noche sería testigo de su propia despedida y vería con sus propios ojos cómo la gente se reunía en círculos para hablar sobre él mismo y comentar lo que le echarían de menos. Por un momento recordó aquella película antigua en la que un hombre se ve a sí mismo en el presente, en el pasado y en el futuro, y tu...