LOS LEONES DEL TIEMPO
“La cosa iba bien hasta el día que me habló uno de los leones” -me decía una y otra vez tan pronto divisé los primeros rayos de sol entre las cortinas. “Hasta que me habló unos de los leones”. “Leones”. No recordaba nada, por raro que parezca, nada en absoluto, ni remotamente. “LE-O-NES”. Sí que podía sentir, sin embargo, el triple gusto que ansiedad e inquietud compartían: amargo, veloz, ácido. ¿Qué intentaba revelar mi subconsciente? ¿Qué dudas albergaba mi otro yo? ¿Por qué el león? ¿Por qué un animal? De entre todo el reino animal, ¿por qué este y no otro? Y la duda más poderosa, ¿por qué me hablaba? Para alguien de cierta edad, como es el caso, ningún acontecimiento vital pasa inadvertido, especialmente habidas mis experiencias, mi pasado y mi presente, mi…, digámoslo educadamente, mi vocación y mi oficio. Siempre encontré sosiego en la cama. ¡Qué paradoja! Lugar de descanso…, y de trabajo. Sosiego y tranquilidad intermitentes, teniendo en cuenta la incomod...